miércoles, 13 de febrero de 2008

La voz del pueblo




Jevel Katz y sus paisanos, de Alejandro Vagnenkos
Diego Batlle

Estrenada el 14 de Febrero de 2008

Jevel Katz y sus paisanos (Argentina/2005). Dirección: Alejandro Vagnenkos. Guión: Hernán Andrade. Fotografía: Pablo Cases. Música: Matías Chaher. Duración: 71 minutos. Se presenta los jueves 14, 21 y 28 de febrero, a las 20, en la sala Batato Barea del Centro Cultural Ricardo Rojas. Entrada libre y gratuita.

Tras un largo recorrido por festivales que comenzó hace casi tres años en el BAFICI 2005, se estrena en el Rojas este documental sobre Jevel Katz, un mítico cantautor que murió joven (tenías apenas 37 años), pero que durante la década de 1930 se convirtió en una de las figuras más populares dentro de la comunidad judía, al punto que más de 40.000 personas acompañaron su féretro luego de una accidentada operación en el Hospital Israelita.

Katz dejó más de 650 composiciones (varias de ellas, como los clásicos Mucho ojo o Tucumán, se escuchan de fondo en el film o son cantados en vivo por aquellos que lo conocieron) en las que se percibe esa mezcla única de parodista y de cronista generacional con un lenguaje que se sustentaba en el yiddish, pero al que le agregaba algunos términos de hebreo y de castellano, mientras acompañaba sus lúcidas letras con la mandolina, el violín, la guitarra o la armónica.

La película hace un retrato bastante redondo de este artista que, además, fue poeta, escritor, luthier, humorista y actor de teatro judío, pero no se limita a la simple reconstrucción biográfica sino que, al igual que otros documentales recientes como Hacer patria o Un pogrom en Buenos Aires, utilizan una excusa argumental (la historia de una familia en el caso de Eduardo Blaustein, un hecho histórico en el de Herman Szwarcbat) para indagar en las vivencias de la comunidad judía de la época, con sus penurias y sus sueños, sus tragedias y su humor, con sus festivales escolares, sus juegos de dominó, sus encuentros en el bar León o sus salidas al Teatro Mitre de Villa Crespo.

Vagnenkos consigue testimonios muy valiosos de queribles ancianos que, en algunos casos, tienen casi 100 años y que no sólo se focalizan en el impacto que Katz provocó con sus actuaciones sino que, a partir de anécdotas muchas veces íntimas o incluso banales, van ofreciendo un panorama muy abarcador y que sirven para suplir la escasez de material de archivo de la época.

El
film logra ser emotivo y gracioso sin para ello forzar las cosas. No todas las decisiones artísticas, es cierto, resultan eficaces (el director no se anima a encabezar el relato o, por el contrario, a desaparecer del mismo), por momentos se abusa del testimonio a cámara y se percibe alguna desprolijidad menor (como la continua aparición del boom en la secuencia final), pero cualquier cuestionamiento queda sepultado por la honestidad, la gracia, la inteligencia y la sensibilidad con que Vagnenkos maneja los materiales a su alcance. Un más que digno documental, indispensable para aquellos que se interesan por la historia del judaísmo en la Argentina, y recomendado para los que simplemente disfrutan al adentrarse en relatos humanos tan cálidos como éste.

No hay comentarios: