
Se estrena un documental sobre Jevel Katz, conocido como "el Gardel judío"Con algo de retraso, el documental Jevel Katz y sus paisanos se verá desde mañana, todos los jueves de febrero, a las 20, en la sala Batato Barea del Centro Cultural Rojas (Corrientes 2038, con entrada gratuita). Terminado en 2005, el film recupera la historia de Jevel Katz, el parodista y cantante lituano que entretuvo a la comunidad judía porteña y también a la de las colonias entrerrianas en la década del 30, antes de su temprana muerte, víctima de una aguda infección posoperatoria tras una cirugía de amígdalas, cuando tenía 37 años. El documental, que es presentado por Teykirisy Cine y 16m, con el apoyo del Incaa, Iwo, la AMIA y la Secretaría de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, fue proyectado ese mismo año en el Bafici y premiado en 2006 como mejor documental en el 3er. Festival de Cine Judío de Punta del Este.
El trabajo de Alejandro Vagnekos, egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y director de documentales en distintos ámbitos, reconstruye el personaje a partir de unas pocas fotos, grabaciones de sus más famosos temas deterioradas por el tiempo y el testimonio de sus paisanos, quienes lo conocieron de cerca, como Bernardo Gurevich, Isidoro Stoller, Benedicto Ismach y Esther Pisenza, entre otros, quienes además de repasar anécdotas personales logran compilar aquellas en las que Katz compartió con ellos diferentes momentos de su paso por escenarios y clubes porteños. Además, Vagnekos recoge testimonios de gente que lo pone en contexto, como Noé Jitrik, Eliauh Toker y Ester Szwarc.
Popular como pocos de sus contemporáneos, cuentan que el cortejo que lo acompañó al cementerio de Liniers aquella mañana de marzo de 1940 estaba conformado por alrededor de 40.000 de sus seguidores, convocatoria que le valió el apodo de "el Gardel judío".
"Si andan por Corrientes/tiendas judías sin fin/cafés llenos de gente/como seguidores de un rabí/jugando dominó y dados/disfruta la gente/allí hay muchos más/comerciantes que clientes,/unos pocos banquitos/y demasiados presidentes/se vota, se arman listas/y pelean como mujeres...", dice uno de sus muchos temas cantados en yiddish, o en un cocoliche típico de la mezcla que resultaba de media docena de idiomas provenientes de numerosos países europeos.
Katz, recordado por temas propios como el exitoso "Mucho ojo" (inspirado en las recomendaciones que le dio su jefe en el taller gráfico de Vilna al comentarle su decisión de emigrar con rumbo a la Argentina en tiempos donde aquí operaba la organización Zwi Migdal, dedicada al tráfico y trata de blancas), pero también por "Kinder Maisele, Glokin inem altn schtetl" ("Campanas en el viejo pueblo") y de otros autores de canciones judías, recibió el aplauso de los suyos y de sus familias, que todavía conservan su nombre entre los más queridos de la colectividad.
Vagnekos escucha -y registra-cada testimonio con cariño por esa gente que es feliz recordando aquellos buenos momentos vividos gracias a Katz, su guitarra y otros instrumentos que incluso él mismo fabricaba, y consigue, en varios momentos, que la emoción embargue al público, en especial sobre el final, cuando reúne a este grupo de septuagenarios, octogenarios y más en un picnic al que viajan en colectivo, el mejor lugar para volver a entonar aquellas canciones, a coro y con un sentido emotivo que va mucho más allá del que le dio Katz en su tiempo. Un excelente final a pura alegría, como el homenajeado se merece.
Claudio D. Minghetti